lunes, 16 de febrero de 2009

Restorán nuevo

Una pareja va a cenar a un restorán nuevo. Están celebrando una efeméride vieja. Han decidido, por hoy, poner en pausa su vida ermitaña cultivada con esmero. Después de todo, piensan, no es tan difícil vestirse, salir, verse con gente vestida que salió de su casa por razones similares a las suyas, o completamente distintas. A quién le importa. Están ahí, en el restorán nuevo que por fuera parece viejo y descuidado, pero por dentro es impecable, elegante, limpio. Tiene lámparas que parecen lunas llenas pero deformes; paredes franja blanca / franja negra; vidrio que mira al patio decorado con árboles de banana; un saloncito rojo para comer “en” la cocina. Los lugares nuevos se parecen entre sí, piensa el marido: son deja vus. “Me gusta este lugar”, dice la mujer. “Me gusta muchísimo” , lo dice varias veces porque es verdad que le gusta, pero también porque la efeméride tiene que ver con ella y se sabe que uno siempre se porta exageradamente maravillado cuando una efeméride lo involucra. La mujer odia la palabra efeméride, se lo dice al marido, él dice que sí, que es horrible. Al fondo canta Sinatra. Los platos de los sitios nuevos tienen que ser inventivos, eso leyó la mujer en una revista gastronómica. Piensa que el chef de ese lugar también lo leyó: “Si las ostras con higos, panceta y queso no son una invención, me declaro oficialmente antigua”, dice. “Mmm”, hace el marido, “mmm”, repite varias veces. No exagera porque la invención es una exquisitez, en eso los dos están de acuerdo. La invención es la norma del restorán nuevo. Cuándo la invención es la norma, se pregunta la mujer, ¿no deja de ser invención? El marido está pendiente ahora de otra invención del restorán nuevo, y es que los meseros hacen los pedidos a través de una maquinita tipo iphone en la que figura una grilla de platos, mesas, meseros. Total que ellos sólo tienen que cliquear un cuadrito y el pedido se imprime en la cocina. No alcanza nadie a pestañear cuando ya tiene todo lo que pidió enfrente, echando humo. “Sofisticado, inventivo, exquisito”, la mujer enumera virtudes, es algo que le gusta hacer. El marido levanta su copa y propone brindar: dice unas palabras relativas a la efeméride vieja, al restorán nuevo. Chocan sus copas, piden postre. Antes de salir se tragan con los ojos cada detalle del lugar, lanzan un suspiro largo parecido al despecho y atraviesan la puerta. Saben, porque ya les ha pasado, que en la próxima efeméride este restorán nuevo e inventivo será viejo y anticuado. Y eso, a ciertas personas, les produce una terrible desazón.