martes 12 de mayo de 2009

Equilibrio

Dicen que todo en la vida encuentra su equilibrio. Que si uno está mal hoy es porque es el turno de otro de estar bien, y sólo queda esperar a que otro empeore para que el bienestar nos llegue. Es una idea que puede comprobarse entre amigos y familiares. Eso me decía mi madre el otro día, cuando le contaba una mala noticia de Equis, una soberana cagada, una tragedia horrorosa que ella consideró, sencillamente: “la cuota de sufrimiento que Equis tenía que vivir”. “¿Eso quiere decir que Yé debe estar bárbaro?”, le pregunté. Y ella dijo “por supuesto”. Se me dio por comprobarlo llamando a Yé, a quien casi nunca llamo, y Yé pensó que me había pasado algo malo. “¿Está todo bien?”, dijo al teléfono, nervioso, quizá presintiendo que una mala noticia entorpecería su felicidad y entonces, sería su turno de ser miserable. Le dije que todo estaba bien, Yé respiró aliviado. Le dije que sólo quería saber cómo estaban por su casa. Yé, lógicamente, se derramó en un chorro de buenas noticias. Yo sólo pensaba que por su culpa Equis la estaba pasando tan mal. “¿Cuánto tiempo llevas así?”, le pregunté. “¿Así cómo?”. “Así, feliz”. Yé se quedó callado, debía estar haciendo cuentas en su cabeza. Después habló “No sé, diría que desde principios de año; porque el año pasado la pasé terrible, nada me salía...” Claro, pensé, el año pasado fue el gran año de Equis. Dije chao y colgué. Me pregunté si Yé era consiente de que su felicidad suponía la desgracia de Equis, me pregunté si, de estar al tanto, sería igual de feliz. Supongo que sí, aprovecharía su cuarto de hora porque sabría que en algún momento él sería Equis y Equis, Yé. Después caí en cuenta de que Equis y Yé no se conocían, que su único punto en común era yo, o sea que su felicidad y su desgracia existían para que yo mantuviera mi equilibrio. Por cada persona en equilibrio existe una persona feliz y una persona desgraciada. Somos triángulos isósceles, dónde la felicidad y la desgracia son los laterales de una base equilibrada. Y cada lateral es, a su vez, la base de otros dos laterales, y así se va graduando la desgracia y la felicidad en el mundo. Eso demuestra que siempre habrá alguien más feliz y más desgraciado que otro y que al alcanzar la felicidad suprema –el lateral positivo del último triángulo–, a ese alguien feliz no le queda más que iniciar su retorno hacia la desgracia extrema –el lateral negativo del primer triángulo–. La muerte. Eso debe explicar por qué la hija de Equis se mató. Eso quiere decir que la hija de Equis fue, alguna vez, muy pero muy feliz. Y eso debería ser tranquilizador, pero no lo es. Es sólo una complejísima ecuación inútil.