lunes, 17 de agosto de 2009

Fobias

Últimamente todos hablan de fobias. Me cruzo con gente que repite esa palabra con tanta facilidad como no hace mucho se repetía la palabra estrés o cáncer o inseguridad, o la expresión “tener código”. Voy anotando, y de unas semanas para acá, por alguna razón cósmica que desconozco, las lenguas humanas que me cruzo en el camino se han hecho proclives a pronunciar la palabra fobia y sus derivadas. No dudo de que existan fóbicos genuínos, pero creo también que, cada vez más, se trata de un asunto eufemístico. Ciertas cosas que se llamaban antes de una manera, ahora se las llama fobia: es más fácil, queda mejor. Lo que más parece haber aumentado es la fobia a la gente, hay mucha pero mucha gente a la que he escuchado decir cosas como: “No voy a la reunión, soy fóbica”; o bien: “No saludo a nadie, soy fóbica”; o esos que, de repente, en medio de un grupo cuantioso y relajado, se ponen de pie dejando la palabra ajena en el aire y dicen: “debo irme, soy fóbico”. Y yo me pregunto cuál es la diferencia entre dejar que el otro termine la frase e interrumpirlo. No es que la fobia se controle con una pastilla que deba tomarse en un instante preciso, inaplazable, no, pero parecería ser que que la fobia no es fobia si no el otro no se entera, no la padece. Se ha vuelto una condición ostentosa. La última vez que vi a un “fóbico” fue hace un par de días, estaba parado en la esquina de un living y miraba todo con los ojos muy abiertos, como si sufrieran alguna afección de hipertiroidismo. Sonaba una canción de Sandro interpretada por el Puma Rodríguez, o sea, ya era un ambiente un poco bizarro y este personaje lo abizarraba más. Yo pregunté si estaba enfermo, si se sentía mal, si alguien debía aplaudir muy cerca de su cara para obligarlo a pestañear. Me dijeron que no, que lo que pasaba era que a ese chico no le gustaba mezclarse porque, oh sorpresa: era fóbico. Y, aparentemente, eso le impedía cerrar un poco los ojos. Recuerdo un tiempo en que no saludar, no hablar, no mezclarse, mirar a la gente fijamente durante un rato largo, no concurrir a invitaciones confirmadas o abandonar la escena de repente, ocultándose la cara con las manos, era, entre otras cosas, ser un maleducado. O también podía ser alguien con aspiraciones de pertenecer a un neo ku klux clan. Pero ya no, ahora hay un diagnóstico legitimo para ese tipo de gestos y tantos más; porque la palabra fobia es, sobre todo, una palabra generosa: capaz de denominar muchas cosas que no tienen nada que ver entre sí. En ese sentido, hay que decirlo, es admirable: le permite una salida digna y sofisticada a quienes son, y quieren seguir siendo, esencialmente salvajes.