jueves, 7 de agosto de 2008
Hogar
Suena al portero eléctrico, contesto: preguntan por Stella Maris, la señora que nos ayuda en casa. Es una mujer pálida, con un bebe así de chiquito mamando leche clarita de un biberón. Se sientan en la galería, yo me voy para que puedan hablar y ni bien doy la espalda la mujer suelta el llanto: dice que todavía se siente el tortazo en la cara, que si no está desfigurada o algo así, que siente el rostro dormido. Stella Maris le pide que se calme, va por hielo y le pregunta qué pasó. El nene se larga a llorar, se le acabó su lechita clara. Yo estoy adentro, trato de no mirar por la ventana, pero es un poco imposible. Le pregunto si quiere más leche para el nene, la mujer dice que se siente todavía el tortazo en la cara y que ya verá ese hijodeputa y la c... de su madre. Stella Maris le saca al nene y me lo da, yo le pongo leche en el biberón. Afuera su mamá está sentada con la cabeza gacha y los brazos sueltos, como si se le hubiera vaciado el cuerpo, y repite en voz baja, a modo de mantra: hijodeputahijodeputahijodeputa. Un pedazo de hielo se derrite a sus pies. El nene se duerme, lo acuesto en una cama con una barricada de almohadones alrededor, porque la gente hace eso con los bebés, bien que lo he visto. La mujer habla bajito con Stella Maris pero se entiende todo: el marido la engañó, ella le reclamó, él le mandó la mano, ella le lanzó un plato, él le mandó la otra mano, ella le aplastó la nariz con una cacerola y lo dejó sangrando, agarró al nene y se fue. Y que no vuelve, nunca más vuelve, porque ese hijodeputa casi la mata a golpes y eso no es hogar ni es nada. La mujer tiene instantes de calma que rompe inmediatamente con otro insulto: la recontrap... que lo parió. Y jura que no piensa volver a verle la cara a ese hijodeputahijodeputahijode... Hasta que el mantra hace efecto y se queda dormida con la cabeza apoyada en la mesa. Al rato, cuando Stella Maris la levanta para irse, ella se sobresalta y tarde un instante en recordar dónde está. Se para de la silla y dice: “vamos”. Stella Maris trae al nene que ahora mama aire del biberón vacío. Cuando estamos en la puerta pregunto tímidamente que a dónde irán. La mujer me mira con cara de obviedad y dice: “¿cómo a dónde? A casa”. Luego le saca el nene a Stella Maris, lo levanta frente a ella y le hace dar saltitos.