Me fui, ando por la madre Patria opresora de mis ancestros indios, como jamón y luzco atuendos primaverales. Resulta que a veces me le pego a Teo a cosas que lo invitan. A Teo lo suelen invitar a dar charlas sobre cosas que ni el mismo sabe que sabe. Y cuando esto sucede en lugares que me gustan invoco la frase marital por excelencia: “Tranquilo, amor, somos un equipo”. Hasta que me veo en una de esas cenas post seminario, rodeada de gente que habla apasionada e incansablemente de Felipe V y me digo equipo de las pelotas, yo qué mierda hago aquí, dónde está el flamenco, las castañuelas, Boris Izaguirre. Y vuelvo a fumar. Después descubro que esas cenas son un estímulo enorme para mis posibilidades creativas, porque mientras los comensales debaten enardecidos asuntos de monarquías de antaño yo les voy atribuyendo líneas de una dulzura insospechada, tipo: ¿Me permite lamerle la calva, por favor? ¿Tendrá usted algún antepasado eunuco? O ataques de tos que terminan en vómito. Entonces alguno, viéndome sumida en mis reflexiones sublimes, osa interrumpirme para preguntarme: “¿Y tú, Margarita, eres de...?” –los puntos suspensivos en estos casos se expresan en una e sostenida, para que el otro complete la frase y entonces apelar a la repetición efusiva de las últimas sílabas: “¡...lombia!– Y yo pienso que es una gran oportunidad para romper el hielo con un chistecillo tonto, ¿porque, qué si no un chiste tonto para disipar timideces? “De carne y hueso”, digo, pero nadie se ríe, o simula siquiera, porque ése es el otro asunto en el arte de la no interlocución: los primeros damnificados son los chistes tontos. Teo me agarra la mano de ese modo que todavía me cuesta interpretar, me pregunto si será un gesto condescendiente del tipo: “Yo sí entendí el chiste, amor, sos tan pero tan graciosa” o, más bien: “Pará con el vino, querida”. Y así transcurre la noche: la gente lanza risitas agudas, la mesera bosteza y yo sigo imaginando orgías torpes entre lords. De tanto en tanto miro la ventana, la luna se zambulle en el Mediterráneo. Será que también se aburre, será que también extraña las castañuelas. Doy una larga pitada, vuelvo al vino.