lunes, 21 de julio de 2008

Loop

Estaba en un café, mesa al lado de la ventana con mi amigo R, frente a sendas tazas de te con leche. R tenía un sombrerito de lana y el pelo salido a los lados como un león con frizz. Llovía, hacía frío, el vidrio de la ventana se empañaba y R se empeñaba en limpiarlo con una servilleta. Primero hacía un círculo y después otro dentro de ése, y luego otro dentro del nuevo, hasta que se volvía un sólo gran círculo nítido, que empezaba de nuevo a empañarse por los bordes. Por el círculo se veía la calle Corrientes, el obelisco, un taxi y un señor que fumaba en la vereda con un piloto verde. El señor también estaba en el café y era la tercera vez que salía en media hora. Se había acercado a pedirnos fuego. “Estoy haciendo un descanso”, había dicho, señalando el taxi de afuera. Nosotros asentimos y el hombre salió a fumar. Después volvió y pidió más fuego y su intervención fue un poco más larga: “¿Saben?, acabo de llevar a una chica por varios bares, estaba desesperada porque había perdido su celular”. R, que estaba concentrado en rellenar sus círculos susurró: “Heavy” y el hombre me miró confundido. Yo le dije que R se había dado un golpe en la cabeza y se había idiotizado, R sonrió y siguió en lo suyo. El hombre asintió y volvió su historia: “Es lo que estaba diciendo, qué la gente es muy idiota. Esta chica que les digo, ¿no es una completa pelotuda?”. El tipo tenía el cigarrillo apagado en la boca, temblando mientras él hablaba. Ahora R había dejado de hacer su círculo: “Heavy”, volvió a decir. El hombre salió a fumar. R dijo está loco. Yo miraba al hombre por la ventana y más bien parecía angustiado. Cuando volvió a entrar se sentó en su mesa y me volteé a verlo. El hombre levantó el mentón: “¿Qué fue, piba?”. “¿La chica, encontró el celular?”, le pregunté. El tipo se acercó otra vez a nuestra mesa, se puso el cigarrillo en la boca, habló: “No, se puso a llorar, me rompió las pelotas y la bajé del auto. No quería bajarse porque estaba lloviendo, entonces abrí la puerta y la empujé. Porque no me soporto a las pelotudas”. R y yo lo mirábamos perplejos. El hombre pidió fuego. “Estoy haciendo un descanso”, dijo, señaló el taxi de afuera y salió. Del círculo en la ventana sólo quedaba un parche, a punto de ser consumido por la niebla.