martes, 15 de julio de 2008

Súper chico rudo

Hay clases en el mundo, sí, es una obviedad: te pasan por la cara diciendo permiso, noble señora; o mové el orto, marginal; o salí de mi camino, sucia. Porque las clases existen para notarse, lógico. Y es honesto reconocer que uno prefiere ciertas clases a otras y por eso actúa como actúa. En mi círculo más habitual, por ejemplo, hay una clara preferencia por la clase de pobres desvalidos y se manifiesta un odio visceral hacia la clase de gente obscenamente rica. Conozco a un chico rudo capaz de parar en la calle a cualquiera que esté sentado sobre una carrocería millonaria, para tener un diálogo corto del tipo: “Disculpame, che, quería decirte que sos una basura”. Ese chico rudo dice que su misión es procurar el equilibrio en el mundo, porque hay otra clase de gente que hace cosas como insultar a los nenes mugrientos que te saludan en el subte estampándote un beso húmedo en la mejilla. “Nadie los insulta” le digo yo, y él me dice que sí, y que quizá no verbalmente pero con la mirada o alejándose cuando el nene se le encima para saludar o preguntándole cosas hirientes como “¿Dónde está tu madre?”, como queriéndole decir: “Es ella la que te tiene jodido, ¡so idiota!” Cuando habla de las clases en el mundo el chico rudo se pone rojo, furibundo, y es de ese tipo de personas que todavía usan la palabra “sistema”. Convengamos en que es difícil usar la palabra sistema sin parecer una caricatura. La verdad es que cuando se engancha con ese tema, el chico rudo se vuelve un poco muy performático. Hace cosas como caminar de un lado a otro y soplarse un mechón de pelo que le suele tapar un ojo, y cuando quiere decirte que no está de acuerdo con tu proceder, se te para a una distancia prudencial con la mano en el pecho y te suelta algo como: “Vos que te comprás eso, y yo que te rompo la cara”. Porque, en resumen, se podría decir que el chico rudo está en contra de la ostentación en un contexto de pobreza, como lo es, digamos, el mundo. Es difícil lidiar con chicos como él, pero también es difícil lidiar con el mundo. Por eso, cuando oigo que la gente dice que ese chico no es rudo sino un resentido despreciable, yo digo que ese chico rudo no es resentido despreciable sino un Súperheroe. Al fin y al cabo, sólo los Súperheroes tienen una misión en el mundo, dicen la palabra sistema y, aunque se esfuerzan mucho en demostrar que existen, nadie les cree.